
El Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) es una empresa adscrita a la Agencia Espacial estadounidense. Más de 5.000 de sus trabajadores no son funcionarios ni empleados del gobierno, sino que cobran su sueldo de empresas privadas y de universidades. Este colectivo es el que ha puesto el grito en el cielo cuando la NASA les comunicó sus nuevas exigencias para expedir sus credenciales de seguridad, que incluían desde bucear en su pasado profesional y económico, hasta dar autorización para preguntar a amigos y vecinos.
El colmo
Lo más llamativo es que también se requiere dar información sobre la propia orientación sexual. Todo ello da que pensar, y siembra la duda de si particularmente las preguntas sobre orientación sexual no responderán tanto a imperativos de seguridad frente al terrorismo, como frente al escándalo. Si no estará la NASA intentando protegerse de más vodeviles como el de Lisa Nowak, o de las irritantes informaciones sobre astronautas subiendo borrachos a la nave.
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